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12月31日 Adiós 2007En esta entrada quisiera desearles al selecto grupo de lectores de mi blog un Venturoso y Feliz 2008. En un principio, pensaba hacer un balance, pero como esto no es la facultad, y los honores de hacer resúmenes de eventos se los vamos a dejar a los equipos de los informativos, he decidido, finalmente despedirme de año con la letra de una bonita canción:
“I'm not a perfect person
Hoobastank – The reason -.
Ahora se nos presenta 2008. Viene dentro de un sobre pequeño, pero muy nuevo. Un nuevo año, lleno de expectativas y bondades. Adiós 2007, nunca tiempo pasado tuvo que ser mejor. ¡ Venturoso 2008 ! 12月24日 Derecho de muerteEl reflejo del agua vislumbraba formas hasta entonces insospechadas. Los rectilíneos trazos de insinuantes curvas estaban ahora desdibujados. Aquellas tierras hermosas, en otros tiempos deseadas, se habían llenado de surcos. Depresiones profundas, graves y vastas como valle entre dos montañas heladas en invierno. Cántaros de leche colmados, no hacían nada más que brotar como fuentes de maná líquido de desdicha. Sustento y alimento preciado por los retoños del vergel de la tierra. Vasijas en otros tiempos por muchos ansiadas eran ya repudiadas por el peso de la carga que portaban. Torrentes de vino tinto amargo, que de forma regular, pero intermitente, atravesaban sus entrañas para ver la oscura luz del exterior. Regatos que se habían secado. Ahora, se habían tornado, quedaban espesos, fútiles y descoloridos; con la permanencia que les dota la sabiduría de haber sido río en su pasado. La tierra era fértil y esta fertilidad era causa de su desgracia. ¡Ay! ¡Si yerma se hubiera quedado?, ¡por qué labraste aunque lo quisiera?, ¡por qué sembraste aunque lo ansiara? ¡y por qué la llenaste de vida sin que te lo pidiera? Sin embargo, el remedio es fácil: ¡Coge el cordón! ¡Tira! ¡Enrosca! ¡Y AHOGA! ¡Aprovecha ahora, que sólo es el germen de la semilla! ¡Aprovecha ahora, y escucha el crujir de los tallos! Para así, poder volver a arar, sembrar y disfrutar de la vida sin necesidad de ver cómo aquella delicada tierra se torna más madura, más elegante, más valiente y, sobre todo, menos asesina.
12月21日 Soliloquio de Segismundo en "La vida es sueño". Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas le convierte la muerte, ¡desdicha fuerte! ¿Que hay quien intente reinar, viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte? Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende. Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Pedro Calderón de la Barca . De sueños también se vive. Lo malo es despertar y desesperar por ellos. 12月16日 180ºDespertó y en el fondo del pozo estaba. Yaciente, una luz tenue y mortecina alcazaba a iluminar su lívida y huesuda cara. La ojeras, allí instaladas, lejos de migrar a otra parte habían decidido adueñarse del rostro, y el cansancio, cada vez más fuerte, no hacía nada más que agarrotar con fuerza los músculos, que triquinosos, a penas si podían moverse. ¡Estaba ciego! Entonces, su hasta entonces compañero, pasó a ser su lazarillo. Éste no lo dudó, extendió la mano e intentó sacarlo. Sin éxito, se descolgó dentro de aquel abismo de oscuridad y desesperación, mientras que algunos, lejos de ser báculo, prefirieron ser “énculo” y largarse dejando otros ciegos dentro del pozo, buscando alegres músicas en anhelados idílicos parajes. No fue fácil, los días largos y duros, los completaban noches de sombras y complicados descansos, pero allí seguía el lazarillo dándole ánimos cuando lo necesitaba y empujándolo hacia arriba. Del pozo salieron, los dos, cansados, casi exhaustos, sus manos, con las uñas destrozadas y los dedos ensangrentados, ya no dolían, las llagas eran los rasguños de la vida y la vida… la vida era un tío, su mazo, los golpes y un lazarillo, que como buen guía, continuaba su duro trabajo. Entonces, solamente, llegó el otoño, dejó paso al invierno frío y gris que todo lo cubre, dejando atrás las gélidas y tristes tierras polares y adentrándonos en la más animosa y floreada tundra, con sus eternos amaneceres y su preciosa aurora. De repente, el bosque. Un bosque lleno de peligros, oscuro y tenebroso. No obstante, ya había camino. Camino, estrecho, angosto, con precipicios, charcos, trampas y demás vericuetos. Pero aquel laberinto de árboles y desniveles resultaron más fáciles con ayuda del lazarillo. Ya quedaba poco, lo notaba, lo sentía, la muerte sólo era un paso más del largo proceso de maduración del ser humano. El concepto, dura y tristemente asimilado, se había vuelto en algo más de su vida, dejando a un lado la desgracia para convertirse en la realidad. Ese frío, aquél que tiempo atrás ya habían dejado en el polo se estaba apoderando del corazón de aquel pobre invidente. Los sentimientos, ordenados, estaban metiditos en pequeñas cajas con doscientas llaves y candados, encerrados, forrados y acolchados… temeroso de que otra vez despertaran, salieran y llevaran al ciego consigo a aquel mísero pozo. El camino se ensanchaba, la luz penetraba entre el frondoso ramaje de los árboles y ambos seguían su andadura. Lazarillo, bastón de la vida, paño de lágrimas y pesar de los pesares. Sin embargo, un día, el lazarillo tuvo que tomar camino distinto en un cruce maldito, era un simple y ligero desvío. Se separaban, para más tarde volverse a reencontrar. Lugar y fecha fijados, continuaron andando. El ciego ya podía ver. Dolorosa partida, triste despedida, anhelo de reencuentro que sólo por unos días pasó. Reencuentro, distinto al esperado y que el lazarillo, dudoso, percibió. Sin embargo, el antes ciego, ya sólo, podía ver, ahora no eran los ojos los que preocupaban, eran los sentimientos. Éstos, acolchados en las cajitas de su corazón, no se oían y la sordera era ceguera y ceguera sordera de su corazón. He aquí, que, de repente, el camino cambió, el sol cegador lo sorprendió ¡lo veía! ¡y lo más importante! ¡lo sentía!, la brisa del mar recorría suavemente su cuasi-imberbe cara y el sonido de chirriar de las gaviotas sonaban como un susurro en sus oídos. Sí, por fin llegó, y fue el Mediterráneo. ¡Bendito mar! ¡Benditas gentes! Con el Mare Nostrum, el ciego, dejó de serlo… dejó de serlo de cuerpo, mente y corazón, dejó de ser también sordo y volvió. Sí, volvió. Volvió, volvió y volvió. Volvió a ser aquél que fue antes, lo que dos largos años atrás era. Volvió con fuerzas renovadas y vitalidad desconocida. Tarde ya, el lazarillo cansado, había descubierto que no era necesario reencontrarse en el punto marcado. Esfuerzo derrochado para, al final, no poder disfrutarlo. La vida, aquel tío del mazo que sólo sabía golpear, volvía otra vez. El lazarillo, que ya no tenía que serlo, se había marchado. Ya no quería volver a ser compañero, sus sentimientos se habían ido diluyendo como una gota en la inmensidad del océano. Sin embargo, esta vez, como pez no quiso volver a ser ciego, supo esquivar el duro golpe, se resbaló en un mar de lágrimas y consiguió reponerse de sus heridas. Y resurgir, sentimientos en mano, como aquel gran Ave Fénix que un día legendario renació de sus cenizas. Empieza una nueva vida.
Gracias lazarillo.
No importa las veces que me tumben, siempre volveré a levantarme. |
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